La cría de caracoles. Nuevos recursos económicos para dinamizar la agricultura.

     La Helicicultura es el arte de criar caracoles con objeto de aprovechar su carne, con gran contenido en proteínas, sus huevos utilizados para hacer una especie de caviar blanco y la baba en cosmética, aunque hoy día también puede considerarse el aspecto lúdico, es decir la cría de caracol como afición, aspecto este que cada vez está teniendo más adeptos.

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La crianza del caracol es muy exigente en cuanto a la higiene.

     La utilización del caracol como comestible data desde la antigüedad, pues se ha encontrado restos fósiles de moluscos en cavernas prehistóricas. En la época romana no solo los consumían, sino que también los criaban, ya que idearon los primeros recintos conocidos para criar caracoles, aproximadamente en el año 50 a.C. donde engordaban a los caracoles con vino y salvado. Hay que comentar que la palabra helicicultura está formada por “helici” que deriva del latín Helix,-icis, espiral, y cultura, cultivo.

     También en la época de la Edad Media se consumían en abundancia sobre todo en la cuaresma ya que los caracoles eran carne apta en la abstinencia. Se preparaban fritos con cebolla, hervidos o en brochetas, siendo un plato habitual en muchos monasterios de toda Europa. Fue para principios del siglo XVIII cuando el caracol desapareció de la mesa de los nobles, era plato de pobres, pero en una recepción ofrecida para el Zar de Rusia, Talleyrand, un político y gastrónomo francés, lo recupero pasando a ser una exquisitez para la cocina de alta alcurnia Europea. En España la utilización de caracoles en la cocina forma parte de nuestra cultura, utilizado en épocas de hambre, plato típico en determinadas festividades y considerado un lujo en muchos restaurantes.

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Los caracoles son una fuente de proteína de origen animal, sin grasas.

     Hasta mediados del siglo XX la helicicultura se limitaba a la búsqueda de caracoles para consumo propio o venta en mercados, pero a finales de los años setenta en Francia e Italia se comenzó con esta actividad agrícola alternativa como medio de vida de muchas familias. En España se presenta para la mayoría de personas como algo desconocido, pero esta irrumpiendo con fuerza, debido a la búsqueda de productos alimentarios más ecológicos y la reducción de caracoles como recursos naturales, por ello desde el punto de vista de la comercialización de caracoles, los criaderos es una forma de desarrollo sostenible para la especie.